sábado, 12 de marzo de 2011
Carta al cielo
.
Miles de estrellas se están formando en la nube de gas y polvo que se conoce como "Nebulosa Orion". Más de 3000 estrellas de varios tamaños aparecen en esta imagen. algunas de ellas jamás han podido hacerse visibles a la luz.
Foto base tomada de Hubblesite.com
jueves, 10 de marzo de 2011
La vida en rosa
Llegué a la carrera de letras por un giro de la vida que me gustaría llamar “carambola inevitable”.
La vocación primera que sentí fue religiosa. Devoré con delicia todos aquellos comics de antaño llamados “Vidas Ejemplares”; supongo que era una etapa de búsqueda de adultos-modelo aunque temprana… tenía entre nueve y diez años. Para ser santa debía empezar por el principio, así que declaré en casa mi deseo de ser monja.
El silencio absoluto de mis padres ante eso, hasta la fecha no sé si fue por temor de que me estuviera fallando la chaveta o porque una aseveración tan absurda –ellos sabían- no podía ser sino un disparate que olvidaría pronto.
Así fue: Terminé temporalmente mi pasión por la lectura y seguí con otra pasión, pero auditiva: Era tal el placer que sentía al escuchar la música clásica favorita de mi padre, que en un rato de delirio le pregunté cómo podía hacer para convertirme en directora de orquesta.
(Pausa: Faltaban años luz para que apareciera en escena Alondra de la Parra y esas mujeres tan hermosas que ya se multiplican por los países europeos ostentando el título “directoras de orquesta”… además de que las malditas son todas hermosas, parecen modelos de revista)
Esta vez, mi vocación si fue desbaratada con la consigna paterna de que era una profesión masculina. Y tan tán.
Posteriormente, mi vocación más o menos convencida fueron las matemáticas. Una especie de mecanismo de compensación, porque en secundaria reprobé dos años seguidos y al tercero, después de unas clases con un buen maestro, me convertí en estudiante de primera fila en la materia. Una historia larga de contar, pero pensé en ser Licenciada en Matemáticas. Todavía no terminaba la preparatoria.
Desvié entonces el rumbo un poco, a falta de horizonte sobre el tema en Jalisco, a donde tuve que mudarme a vivir: Me inscribí en la carrera de Ingeniero Químico.
Qué terquedad, ¿no? ¡Pero qué necia! Existe un chip en mi cerebro que tiene una maldición intrínseca: Estaba segura, antes de entrar a la vida productiva en la civilización (¡já) que tenía derecho a estudiar lo que me diera la gana. Entonces, por supuesto que escogí puros territorios del saber donde predominaba la población masculina, donde los hombres navegaban con libertad, mientras las mujeres éramos proscritas. (¿Es que había otros?)
Y eso que, entre los once y los trece años me dio por refugiarme en las novelitas de aventuras de ciencia ficción que estaban de moda; no me dio por ser astronauta porque aún no existía el proyecto “Apollo”, que si no…
Aún así, en los años setenta, cuando en México todavía sólo las mujeres ubicadas fuera de la realidad íbamos a la universidad, me inscribí en Ingeniería.
Recorrer los motivos del abandono de esa vereda del conocimiento sería tan aburrido como obvio (el machismo tiene infinitas manifestaciones). Así que olvidado está, salvo la cicatriz que aún sangra a veces, que me dejó un maestro gay que jamás me permitió pasar su clase. Tenía muy buenas notas en todo, excepto en su maldita materia. ¿Quién estaba mal, a ver? Todos tenemos asignaturas pendientes, yo tengo ésa entre muchas, porque además ese señor, ahora muerto, es venerado casi como un santo en la memoria académica de esa Facultad de Química.
Bueno, pues entonces la vida me sacudió como si un tsunami me atacara, abandoné casi todo por falta de fuerza emocional y entre la neblina del sufrimiento recordé que siempre, ¡siempre! sentí el impulso natural de escribir, incluso desde muy niña. Cartitas, poemitas, pequeñas historias, cuentos cursis y luego cartas y cartas, a tanta gente que vivía asomada a la puerta esperando al cartero, aquél de antaño que pitaba de manera peculiar.
Olvidé las matemáticas, la dirección de orquesta, la santidad, y decidí que la escritura era el lugar perfecto donde la realidad perdía derecho a irrumpir, donde la vida me tenía que obedecer y no al contrario. Sería el material para construir mi castillo y lograr la trascendencia: Sería escritora.
El primer día de asistencia a mi nueva carrera: Licenciado en Letras, en la primera clase a las cuatro de la tarde (Literatura Latina), el maestro comenzó su exposición con esta frase: “Aquí no formamos escritores; así que si alguien trae esa idea, que se vaya a otra parte”. Abrumada de cansancio existencial, hice como que no escuché; a esa altura ya había aprendido que la mayor parte de los maestros están equivocados en muchas cosas, que incluso a veces pueden hacer mucho daño a sus alumnos. Ya los podía mandar al carajo sin que lo notaran y seguirles la corriente por razones de supervivencia.
Me quedé estudiando Letras; deshice la maleta, guardé mis bártulos en la cajonera de mi convicción y juré que ya nadie, pero nadie, me haría dudar de mi camino.
(Uy… he aquí que mi intención era escribir estos parrafitos con otro tema y terminé contando pedazos de mi vida. ¿A qué obedece este impulso? ¿Andará rondándome la muerte? Si es así pues que llegue ¿no? Ya platicaremos, ella y yo, a ver de qué cuero salen más correas.)
viernes, 4 de marzo de 2011
Segunda y todo por avanzar
La segunda vez que me gané un premio literario fue por andar insistiendo en repetir laureles. Si ya me había ganado el primer sitio en el Concurso de Cuento, había que mirar a otra parte… pero no: Ahí estoy como muchos escritores, ¡tercos! Por seguir luciendo, como si la trascendencia dependiera de los premios.
Mi pretexto era que… ¡no había más! Entonces mandé otra vez un texto a la convocatoria de la UniSon ; aquí sí, de plano, se me olvidó qué cuento era.
Así que, muy merecidamente por necia, me gané el segundo lugar.
El campeón fue ¿Quién crees? Pues Raúl Acevedo Savín, el que ahora se firma “Jeff Durango” por razones misteriosas.
Esta foto la recorté en el año de la canica de El Imparcial, que para entonces al menos ya consideraba nota importante un premio literario… bueno, otra vez: Seguramente fue iniciativa de Manuel Borbón. El Rector de la Uni era un (n)hombre de quien muchos universitarios no quieren acordarse -¡digo!- no lo pueden recordar por ser tan antiguo.
Después de esto, como castigo por cabezotas, comprendí que un premio literario es un “espot” momentáneo, un relámpago del que después nadie se acuerda.
Es más: Es buen sitio aquí para mencionar que antes del Diluvio Universal, más o menos en 1970, existió una revista llamada “Mujer de hoy”, que convocó a un concurso nacional llamado “Por una nueva epístola”, de Melchor Ocampo, claro. Mandé unas ideas feministas radicales garrapateadas con furia y me llevé el premio. Ese sí lo gané yo, ese sí fue mi primero, y ¡nacional! Tampoco nadie se acuerda, también perdí el original o lo tiré cuando me cansé de atesorar el pergamino donde había sido publicado mi texto y lo más cómico es que ¡jamás! me pagaron los $500 pesos de premio, que entonces era una pequeña fortuna.
Con el tiempo me dieron lástima los pobres… seguramente entonces una propuesta así, “mujer de hoy”, no era económicamente exitosa, como lo sería cuarenta años después.
Ay Dios… qué montón de tiempo ha pasado y yo sigo aquí, golpeando teclas y gastando espacio en decir lo que pienso.
Al menos ha sido una buena válvula de escape para evadir el sanatorio psiquiátrico.
lunes, 28 de febrero de 2011
Tres tristes lustros
Fuiste un regalo efímero en mi vida... algún día podré (y todos los que te amamos)
estar con Dios y estar contigo.
viernes, 25 de febrero de 2011
Pin (gü) inos Literarios
¡Mira!
Esto pertenece a los inicios de la Humanidad.
La foto primera pertenece a la única fuente informativa (uuuuy) donde se dio a conocer mi primer premio literario: ¡La gaceta universitaria!
Era apenas el quinto concurso de cuento de la UniSon , y lo hacían regional. Era el UNICO concurso literario a que teníamos acceso los aspirantes a escritores, y los ganadores adquiríamos una “aura” de éxito que todo intelectual de la letra envidiaba… al menos hasta el siguiente concurso.
Mi trabajo fue construido con una nota periodística que recorté de un diario del DF: Una mujer fue condenada a 20 años de cárcel por matar a su hijo –lo asfixió con una almohada-; el niño tenía dos años, padecía el síndrome de Down. La mujer fue diagnosticada con cáncer y en su desesperación por no tener quién se hiciera cargo de su hijo después de su muerte, prefirió “salvarlo” así.
Pero oh, desgracia… poco después de los hechos, resultó que el diagnóstico de cáncer ¡era falso!
Ahora que lo pienso tal vez fue una artimaña de ella para deshacerse de su lastre existencial; pero eso no lo sabré nunca.
El cuento se llamó “Lex” y lo perdí para siempre. ¡Sí, lo perdí!
Ya volteé al revés mi casa, mis papeles viejos, y no lo encuentro. Se publicó en EL IMPARCIAL, eso sí. Debe haber sido Manuel Borbón quien me hizo el honor, pues él editaba entonces lo que se ofrecía de cultura. Habré de buscar en los archivos del periódico, un día de éstos.
Mi aspecto físico de aquellos días era éste:
No estoy ante un castillo europeo, já... es un puente en Fantasy World de Disneyland (Los Angeles)
Es una hermosa cursilería de foto.
viernes, 18 de febrero de 2011
Un paseo por la felicidad
Foto-reliquia con mamá: Las tres parecemos muñecas; recorriendo Youtube encontré que no soy la única que adora, recuerda, fue feliz con y no quiere olvidar a Cri-Cri
Plácido Domingo, con coreografía: Chonki - Fu
Ignacio López Tarso saluda a Gabilondo Soler en persona
martes, 25 de enero de 2011
Escribir
Quizás he dejado de sentir la palabra
como la amiga fiel que custodia
los rincones puros del alma
He aprendido que también el Mal
la reconoce como aliada
y la palabra se presta
¿En qué universos el pensamiento es amo que construye?
¿En qué simas es esclavo que destruye
mientras un amo misterioso ordena?
Sólo una respuesta cabe:
El Bien-pensamiento-palabra es el camino de Dios
Cuando el pensamiento solitario es esclavo del mal
el camino no existe, la orfandad de lo divino
le ha extraviado
domingo, 23 de enero de 2011
(Uno de mis hombres amados)
HAZ CLICK EN ESTE ENLACE: Una bellísima sonata de Paganini
Dicen que hizo un pacto con el diablo, tal era su virtuosismo.
Dicen que hizo un pacto con el diablo, tal era su virtuosismo.
miércoles, 12 de enero de 2011
Battle field
Me pregunto, cuando en mi auto me dirijo a cualquier parte donde la vida me lleve en la ciudad donde habito, si esta incapacidad de adaptación que me domina es producto simplemente del cansancio de vivir o es una rebeldía justa, producto de mi razón.
Si empiezo por mi “incapacidad de adaptación” deduzco que, como a todo mundo, me pasa que los valores ambientales de mi niñez campean en mi subconsciente y no se pueden ignorar: El silencio enmarcando los sonidos de la naturaleza, el orden en casa –una casa pequeña, donde todos los espacios tenían su utilidad- y el huerto, siempre lleno de color por la abundancia de flores, de aire limpio, de verdor de árboles, de animales domésticos existiendo en paz.
Cuando se ha nacido en un nicho semejante, supongo que perderlo es un mal irreparable, causa una cicatriz que nos impide olvidar.
Esa imposibilidad de olvido se agudiza cuando se padece a diario, obligadamente, estar rodeada de cemento; cuando se circula por las calles entre humanos neuróticos y desdichados (bueno, yo supongo que la mayoría), llevando un auto a cuestas y muchos lo utilizan como armadura para dañar a los demás o burlarse de la ley. Se puede morir poco a poco de nostalgia si, al haber nacido y aprendido como mundo un pequeño paraíso lleno de orden y belleza natural, ahora resulta que hay que existir en una gran jaula de ladrillos, concreto, varillas, trascabos devorando tierra, calles inconclusas por orden del Municipio y sobre todo –ah… sobre todo-, un lugar donde las viviendas se han convertido en mazmorras oscuras y rodeadas de rejas, porque la violencia en todas sus manifestaciones puede aparecer en cuanto pisamos la acera.
¿Es que soy anormal, inadaptada… simplemente un ser humano “viejo” incapaz de comprender que la realidad es cambiante y hay que seguirle el paso? Bueno, digamos que es así, pero me surge de la razón un gran freno: “Seguirle el paso”, ¡¿hacia dónde?!
El teniente coronel que habitó en mi casa durante mis primeras edades, el que todo lo ordenaba, lo cuidaba y lo sabía, escribió alguna vez en sus apuntes (en medio de una guerra): “¿Hacia dónde va la vida universal?” Uy, jolín… Cuando vi eso la primera vez me quedé en babia y concluí que su ambición intelectual era exagerada.
Se lo preguntaba cuando era más joven que yo ahora. Hoy la pregunta surge de mí. No queda otra sino escucharse en la angustia y sentir miedo porque se aproxima el caos. ¿Qué otra respuesta hay? Así funciona el Universo: Del caos al orden y del orden al caos. Tesis, antítesis y síntesis. Ying y Yang en perpetuo movimiento
Los seres humanos nos apiñamos en ciudades donde nos vamos despellejando y dejando salir lo peor del instinto, mientras más juntos estamos.
Mi ciudad se convierte poco a poco en un caos; en persecución de invadirla más de automóviles, centros de negocios para beber, comer bestialmente y/o buscar cómo conseguir más dinero. No se construyen espacios de libertad; no se mejora la educación de los niños; no se busca reducir el consumo de veneno en que los jóvenes se pierden; no se fomentan las áreas verdes para reducir el aire venenoso… Hay muchos no a la vida y muchos sí a la locura.
Vuelta: ¿Hacia dónde vamos?
martes, 4 de enero de 2011
¿Adaptarse o morir?
Vale, pues propósito de año: No escribir de temas tristes.
Me lo he propuesto muchas veces y no lo cumplo; pero se permite equivocarse. Es importante perseverar en los buenos deseos.
¿Por qué no temas tristes? ¡Porque es mal visto! No está en las corrientes de la moda. Si ya hay tantas formas de olvidarse de lo feo de la vida y meter la cabeza en la arena, francamente es una idiotez empeñarse en la depresión y dejarse ir, como dicen los chamacos… “para abajo”.
Puedo tomarme un Bailey’s y derrumbarme sobre la cama a ver una película cómica gringa. O tomarme una botella de vino blanco acompañada de una caja de chocolates con menta (como hacía una queridísima amiga que murió joven: Curaba sus depresiones encerrándose bajo llave, bebía y comía chocolates hasta que recuperaba la alegría de vivir y el optimismo.
Puedo jugar con Link y llevarlo por aventuras sinfín para rescatar a la princesa Zelda en “The twilight princess”. Puedo meterme en una telenovela llena de tragedias y llorar hasta que mis ojos queden como empanadas y luego sacudir mis manos… total, no son mis problemas, todo es ficción y sin que lo advierta nadie, me desahogo.
También puedo entregarme a terapias ocupacionales, como tejer calcetas para el frío o remendar prendas viejas. Eso también engaña al ánimo.
No, no es de gente bien escribir triste o depresivamente. Hay que ser hipócrita al extremo, pero eso sí, por el propio bien. Entiéndase hipócrita en el buen sentido: Vamos a fingir que no hemos sufrido, que no vivimos desengaños por parte de personas en las que confiábamos. Borremos todo lo malo vivido o lo que nos hizo sufrir. Siempre se puede comenzar a existir desde el amanecer de un nuevo día.
El secreto está en no tropezarse con las mismas piedras; alejarse de las personas que trastornan nuestro ánimo, hacer sólo cosas que nos gusten y evitar conductas propias o poner límites a las conductas de otros que nos roban la tranquilidad. Todo eso, es un ejercicio de voluntad, y ésa es una cualidad que solamente cada humano, desde su interior, puede ejercer… nadie más.
¿Qué tal?
Me salió como una página de un libro de autoayuda. No está mal; estoy en sintonía, soy “funcional”. Sarcásticamente pero ¡funciona!
Vale, pues propósito de año: No escribir de temas tristes.
Me lo he propuesto muchas veces y no lo cumplo; pero se permite equivocarse. Es importante perseverar en los buenos deseos.
¿Por qué no temas tristes? ¡Porque es mal visto! No está en las corrientes de la moda. Si ya hay tantas formas de olvidarse de lo feo de la vida y meter la cabeza en la arena, francamente es una idiotez empeñarse en la depresión y dejarse ir, como dicen los chamacos… “para abajo”.
Puedo tomarme un Bailey’s y derrumbarme sobre la cama a ver una película cómica gringa. O tomarme una botella de vino blanco acompañada de una caja de chocolates con menta (como hacía una queridísima amiga que murió joven: Curaba sus depresiones encerrándose bajo llave, bebía y comía chocolates hasta que recuperaba la alegría de vivir y el optimismo.
Puedo jugar con Link y llevarlo por aventuras sinfín para rescatar a la princesa Zelda en “The twilight princess”. Puedo meterme en una telenovela llena de tragedias y llorar hasta que mis ojos queden como empanadas y luego sacudir mis manos… total, no son mis problemas, todo es ficción y sin que lo advierta nadie, me desahogo.
También puedo entregarme a terapias ocupacionales, como tejer calcetas para el frío o remendar prendas viejas. Eso también engaña al ánimo.
No, no es de gente bien escribir triste o depresivamente. Hay que ser hipócrita al extremo, pero eso sí, por el propio bien. Entiéndase hipócrita en el buen sentido: Vamos a fingir que no hemos sufrido, que no vivimos desengaños por parte de personas en las que confiábamos. Borremos todo lo malo vivido o lo que nos hizo sufrir. Siempre se puede comenzar a existir desde el amanecer de un nuevo día.
El secreto está en no tropezarse con las mismas piedras; alejarse de las personas que trastornan nuestro ánimo, hacer sólo cosas que nos gusten y evitar conductas propias o poner límites a las conductas de otros que nos roban la tranquilidad. Todo eso, es un ejercicio de voluntad, y ésa es una cualidad que solamente cada humano, desde su interior, puede ejercer… nadie más.
¿Qué tal?
Me salió como una página de un libro de autoayuda. No está mal; estoy en sintonía, soy “funcional”. Sarcásticamente pero ¡funciona!
jueves, 25 de noviembre de 2010
Memoria amiga
Ni modo: Llega un tiempo en la vida en que miramos hacia atrás en vez de al futuro. No es que se haya perdido la fe; quizás el alma propia ya no da más para ilusiones, pero sí hay la convicción de que todavía quedan en el fondo del baúl muchos momentos hermosos para disfrutar.
Se siente como aburrimiento, como un cansancio sin descanso posible, pero… Tampoco significa, ese mirar atrás, tanto escepticismo se le niegue un futuro a la Humanidad ; después de todo nuestra especie ha superado lo inimaginable; los desastres de los tiranos, los cataclismos naturales, lodazales de instinto tipo Sodoma y Gomorra y así. En algún momento, como un perro que se siente incómodo, la Tierra , la Naturaleza , se sacuden y todo vuelve a quedar como recién lavado.
Así que no es depresión o temor por la derrota.
Pensándolo bien, al reflexionar sobre el caos en que vivimos hoy día, nunca como ahora me queda claro el significado de aquella imagen sobre el diluvio de Gustavo Doré en la antigua Biblia que había en casa: Los seres que permanecen atentos de lo trascendente y bueno, como Noé, tienen que dejar morir a los más débiles, pues las fuerzas del bien y del mal juegan a equilibrarse, para que la vida se sostenga… pero siempre y a la larga gana el bien.
Con todo y eso, ni modo: Se mira hacia atrás en algún momento de la vida. Porque se valoran de nuevo los instantes de felicidad e inocencia que vivimos, y casi siempre son los de la niñez. El suspiro primero cuando descubrimos el impulso del amor que, aunque sea una droga engañosa para perpetuar la vida, es uno de los bocados más excelsos que Dios regala a los mortales.
Se empieza a sólo sentir nostalgia por los momentos de descubrimiento: El nacimiento del primer hijo, el amor de la madre en la infancia, los días navideños cuyas luces y colores bastaban para hacernos felices.
Puras situaciones que ahora se ven cotidianas, pero que al momento de descubrirlas, cuando el alma es nueva, nos hicieron sentir una tajada de felicidad.
Y tampoco es que se desee vivir todo eso de nuevo; aparte de imposible, ya no sería lo mismo, ¿verdad? Es que el sólo recuerdo, sólo la evocación misma ya es hermosa, aunque duela, aunque las lágrimas asomen, el sentimiento (nostalgia) es hermoso.
(Me pasa, por ejemplo, escuchando canciones antiguas que mi madre cantaba cuando yo era niña; o mirando mis propios ojos en fotografías viejas, al encontrar en ellos aquella riqueza infinita que aún tenía: ignorancia absoluta sobre el mal)
domingo, 14 de noviembre de 2010
Mordaza
A veces pregunto al espejo: ¿De verdad crees que ya no tienes qué decir?
He escuchado por mucho tiempo la palabra "autocensura" y la miraba como un turista las curiosidades de un país ajeno. Nunca la aplicaba a mi caso. Nunca llegué a toparme con ese estado de ánimo, hasta ahora.
Mientras fui articulista sin empleo en el gobierno; o mientras lo fui estando empleada en el gobierno, jamás tuve idea de lo que es frenarse para soltar el teclado. Hoy he estrenado esa condición de ánimo y me está haciendo sumamente infeliz. La coacción la aplico a mí misma y me siento miserable.
¿Por qué me freno, me pongo vendas en las manos, como los boxeadores... pero ni siquiera salgo a pelear? Porque antes las denuncias sobre las miserias humanas -já, como si yo fuera perfecta- que produce la burocracia y la política, entre otras porquerías que genera la "civilización", fluían desde los "malos", es decir los que estaban equivocados en su ideología, los malditos totalitarios de siempre.
Llegué a criticar incluso desde adentro, porque como burócrata de quinta o sexta línea me sentía con derecho a criticar. La mayor parte de las personas piensan que eso equivale a "morder la mano de quien te da de comer", y siempre me ha parecido tal razonamiento una perfecta y vergonzosa estupidez.
El burócrata que critica su propio gobierno no muerde mano alguna: El dinero que recibe NO es del jefe, ni siquiera del Jefe Máximo... es dinero de la gente, de los ciudadanos. Siempre lo dije, siempre argumenté lo mismo. "A mí me paga la gente, no mi jefe que, aleatoriamente, está en el puesto de mando: Es un enfermo de soberbia; mi deber está con quien me paga, es decir el público".
Okey... pero ahora, aquellos burócratas que están al mando -muchos de ellos- pertenecen a la "bola" de gente que presume una ideología con más sentido de la ética para gobernar. Al menos esa es la teoría, la propuesta, la premisa.
Pero... no es tan fácil. Claro, a esta altura del ejercicio crítico es bastante ridículo comprender apenas -mejor dicho, aceptarlo- que la miseria de antivalores donde nada la burocracia y el podercillo político puede infectar a cualquiera.
Dentro del mismo grupo que yo acepté como de pertenencia en la convicción política, también se producen monstruos, zombies, pobres entes con su autoestima tan piojenta que juzgan su escritorio un trono y a sus empleados como sirvientes. Eso, entre muchas otras linduras, como la adoración por los lujos, el dinero, la debilidad de creer que un ladrillito conseguido por amistad o repartiendo volantes realmente viste de capacidad de mando, de liderazgo, de conocimiento del trabajo que deben realizar... etc.
Dicho de otro modo: La ingenuidad perversa de vestir el traje nuevo del Emperador y lucir las propias miserias sustentando el silencio en el miedo... puede atacar a cualquier ser humano de cualquier ideología, por sacrosanta que parezca. El hábito no hace al monje; aunque la mona se vista de seda, mona se queda, etc.
La administración burocrática es una gelatina terriblemente vulnerable a la incapacidad laboral, a la inteligencia emocional bajo cero. Un puesto no te hace experto en nada; al contrario, es un ácido que mostrará con el tiempo tus miserias o tus cualidades. Exactamente como cualquier trabajo. Y si fracasas, también se notará, pero no te corren por imbécil e inepto, como en la iniciativa privada; te quedas si eres hábil para manipular a los demás y sobre todo: Para lograr que los demás sientan miedo.
Volviendo al principio: No es que nada tenga qué decir. Me callo por vergüenza, no por miedo.Tengo que reencontrar el camino para desahogar mi verdadero sentir acerca de la metamorfosis patética que sufren los seres humanos en el miserable mundo llamado burocracia (alta y media, sobre todo). Inventaré metáforas, elementos fantásticos, no faltará; pero es un lodazal de coraje en el que ya no puedo sostenerme. Tengo que limpiar mi corazón y la mente.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Con la multitud desde la soledad
Acabo de abrir una cuenta en Twitter. Primero fueron las novelas de aventuras, las narraciones épicas. Luego las novelas más cortas, seguidas por los cuentos; los poemas se fueron también reduciendo y dejaron de ser leídos. Luego fue el blog (y el metro y fotolog, donde todos nos disfrazamos o jugamos a una identidad frívola. Ahora el twitter, la gran sala de conversación del mundo.
¿Terminaremos emitiendo gruñidos hasta que desaparezcan las palabras?
¿A dónde se fue el tiempo que gozábamos? ¿Quién nos dio la orden de empezar a correr detrás del vacío, el ruido, la aglomeración sin sentido?
martes, 2 de noviembre de 2010
Estrella de la Historia
Supe más sobre ella en mi adolescencia, leyendo biografías de Stefan Zweig; descubrí así que un escritor debe reconstruir la biografía de un personaje histórico para revelar una nueva faceta de su personalidad, o sólo realizará un trabajo estéril. La historia, al fin escrita por hombres, la consideró en los textos oficiales como una especie de prostituta fina, frívola y cabeza hueca que llevó a Francia a la Miseria y provocó la Revolución Francesa.
Siempre ellas tienen algo de culpa, ¿eh? Proserpina, Mata Hari, Eva Perón, Cleopatra, María Antonieta de Austria.
La verdad es que fue una niña mimada llena de buena fe, que llegó a Francia a casarse con el delfín, es decir el heredero del trono.
Su destino era ser reina; lo fue simplemente y nadie se lo pudo perdonar. Las envidias la sepultaron.
Los hombres no supieron gobernar un Estado en crisis, Luis XVI-su esposo- era mediocre y falto de inteligencia, pero la que hizo el "daño", fue ella, según la historia.
Hoy su imagen se reivindica poco a poco: Fue una víctima. La Revolución estallaría de cualquier manera; ella fue muy desdichada, ejecutada como una criminal a los 38 años sólo por el pecado de cumplir su destino.
Hace tiempo existe una versión muy nueva de su biografía, llevada al cine por Sofía Coppola. No quería verla pues esta figura histórica controversial y a la vez hermosa (¿qué culpa tiene un ser humano nacido en la nobleza, de lo perverso que quede ser ese concepto y sobre todo: de que los hombres lo hayan inventado?), me produce depresión y la angustia que proviene de toda injusticia.
Arrogancia, injusticia, envidia... siempre van juntas.
Siempre ellas tienen algo de culpa, ¿eh? Proserpina, Mata Hari, Eva Perón, Cleopatra, María Antonieta de Austria.
La verdad es que fue una niña mimada llena de buena fe, que llegó a Francia a casarse con el delfín, es decir el heredero del trono.
Su destino era ser reina; lo fue simplemente y nadie se lo pudo perdonar. Las envidias la sepultaron.
Los hombres no supieron gobernar un Estado en crisis, Luis XVI-su esposo- era mediocre y falto de inteligencia, pero la que hizo el "daño", fue ella, según la historia.
Hoy su imagen se reivindica poco a poco: Fue una víctima. La Revolución estallaría de cualquier manera; ella fue muy desdichada, ejecutada como una criminal a los 38 años sólo por el pecado de cumplir su destino.
Hace tiempo existe una versión muy nueva de su biografía, llevada al cine por Sofía Coppola. No quería verla pues esta figura histórica controversial y a la vez hermosa (¿qué culpa tiene un ser humano nacido en la nobleza, de lo perverso que quede ser ese concepto y sobre todo: de que los hombres lo hayan inventado?), me produce depresión y la angustia que proviene de toda injusticia.
Arrogancia, injusticia, envidia... siempre van juntas.
lunes, 18 de octubre de 2010
Volver a casa
He pasado la vida entera luchando contra la tristeza. ¿Qué sentido ha tenido, si jamás he logrado ahuyentarla? Hace mucho tiempo no disfrutaba de ese sentimiento. Creo que jamás lo había logrado. Sí, disfrutar es la palabra; sentir la tristeza melancólica llegar, instalarse en ella, darle una íntima bienvenida
Las tardes de otoño son especialmente fértiles para hundirse en ella y nadar en el respiro intenso de la melancolía.
Tristeza es lo que se siente ante algo irremediable y melancolía es un poco deseo de recuperar u obtener una felicidad que fue o que se adivina, pero jamás se ha sentido. Las dos juntas, se hermanan, se convierten en un manto de luz de atardecer que da calor y armonía a todo lo que existe.
Es un estado especial el mío ahora; disfruto la tristeza. Porque contiene recuerdos dulces; espacios de vida a los que quisiera volver, aunque eran dolorosos o simplemente solitarios.
Jardín de mis infancias por ejemplo; de todas mis infancias: La del huerto silencioso y soleado, bañado en canto de árboles, volar de pájaros, río lejano que lleva el agua a destinos imposibles de adivinar. La infancia de la soledad nocturna y el miedo a los muertos; la del camino a la escuela por las calles solas, con el premio intermedio de saludar a mi padre en el gran ventanal de su oficina... tocar el vidrio, sacudir la mano y verle a su vez decirme adiós con una sonrisa interior, jamás explícita.
La infancia de los juegos solitarios del jardín, en el columpio exclusivo para mi; el bimbalete que jamás tenía contrapeso, el paseo en equilibrio por el cerco del jardín del fondo... del que nunca jamás me caí, así como de ningún árbol que trepara, pues siempre los pasos peligrosos los he dado con infinita cautela.
Tristeza de recordar las soledades múltiples de la vida innumerable, llena de escenas donde siempre he sido espectadora de un mundo que no escucha, de personas que no entienden mi lenguaje, de multitudes que me ignoran, de ciudades que jamás se enteraron de que existo, de personas amadas que nunca sospecharon ni sospecharán cuánto, cuánto los he amado.
Lo único que me pertenece, sin lugar a dudas en este mundo, en esta vida... es mi tristeza. Y no me avergüenza; a nadie tengo que pedir permiso para sentirla, es una compañera amorosa, fiel, que me abraza sin cuestionarme nada.
sábado, 2 de octubre de 2010
Mujeres en la guerra
Uh... sólo para salpicar esto de alguna idea peregrina que aún acude a mi nudo de cansadas neuronas, já. (La explicación de por qué la fotito, al final)
Siempre sobre el mismo tema: En los dos siglos y medio de conciencia despierta que lleva el género femenino, desde que surgió la primera flama intelectual (Mary Wollstonecraft, 1759-1797) y empezó a iluminar la Tierra, hemos seguido dos tendencias: Una que trata de confluir con todos los paradigmas del género dominante, porque no teníamos otra referencia, en la cual nos perdimos, confundimos, permanecimos en desventaja. Es decir: Querer ser IGUALES a ellos. Claaaro que nos ganaron la partida: Nunca seremos adoradoras de la fuerza bruta, jamás nos convertiremos en nudos pasionales que buscan sólo el poder y el dominio de todos los seres vivos, pasará la eternidad antes de que lleguemos a despreciar -como hacen ellos- la VIDA humana, porque nosotras la creamos, es nuestro poder máximo. Y así... menciono las peores características porque son las dominadas por su instinto y además ellos se dejan aplastar por ellas; su parte noble siempre está en desventaja, pero desarrollar esa idea sería disertar filosóficamente sobre un tema que ellos NO consideran en su universo, mucho menos si las mujeres se lo mencionamos.
La segunda vereda que apenas cobra fuerza, es la de nuestra VERDADERA identidad femenina: La que defiende la vida, la que tiende a la igualdad de todos los humanos en posición y derechos, la que se integra a la Naturaleza y se inclina a la compasión y la PRESERVACIÓN del entorno natural. Además, claro, de nuestra intuitiva unción a la vida material y lo inmediato, porque desde los detalles de la vida concreta se construyen los rascacielos de los sueños.
¡Ozú!, salió bien este parrafito final.
Vale, pues lo que quiero decir es que la segunda vereda está apenas en embrión, pero hay muuuuuchas conciencias mujeriles despiertas. Ah, si Dios me concediera volver a nacer, para fortalecer esa guerra de resistencia pacífica por nuestra equidad y liderazgo...
Ah, la foto que es una muestra patética y cursi de la confusión de AMBOS sexos respecto a la "igualdad". ¡Nada! Ahora se llama EQUIDAD, y nada tiene que ver con esto. Nótese que el señor lleva cubierto todo el cuerpo y está protegido hasta la mandíbula. Ella, imaginada por algún calenturiento dibujante, trae sus áreas vitales expuestas, la melena suelta y el traje está listo par que el señor la mire y la disfrute cuando se le antoje. Jamás seríamos tan estúpidas como para lanzarnos vestidas así a una verdadera guerra.
martes, 21 de septiembre de 2010
Guerra desde el escritorio
Existen dos niveles de conducta en la vida social que se exacerban en el ambiente burocrático. Uno, el de los simuladores que llevan puesto el traje invisible del emperador, ostentan el puesto sin tener la menor idea qué están haciendo allí, excepto que hicieron de todo para poder llegar y ganarse un sueldo. Dentro de esta categoría están los recién llegados que tienen un sueldito y los otros, de un sueldote.
Siendo simuladores, los primeros piensan que se merecen más y que algún día se arrimarán al padrino correcto que les mejore la vida y prestaciones; los segundos juran que, así como llegaron allí, bien pueden algún día ser hasta "presidenciables". Es una fauna bien cómica, ésta: Llevan el traje invisible, aquél que el sastre gandalla le hizo al rey diciéndole que era tan fino que los tontos no lo veían, y como a nadie le gusta pasar por idiota, pues...
La segunda camada de burócratas es mucho más escasa: Aquellos que hacen muy bien su trabajo y no han perdido la esperanza en la vida. Los que llevan mucho tiempo sentados ante un escritorio o con una plaza que ocupan merecidamente, adecuadamente, contentos, serenos. Estos subsisten en los niveles medios y no tienen mayor esperanza de traspasar el techo de cristal (ahumado) que los llevaría a puestos superiores. Más allá de esa altura, se mueven los "políticos".
Los políticos, finalmente, que sí saben trabajar en lo que les encomendaron y les dieron un sueldote, son los menos frecuentes. Puede ocurrir que no se arredren a pesar de la gran cantidad de obstáculos que les ponen los idiotas, los ambiciosos, los envidiosos, para que logren resultados al menos aceptables en su encomienda. Puede ocurrir, por el contrario, que les muerda el bicho venenoso del poder y se contaminen de vanidad y prepotencia. A cualquiera le puede ocurrir, a cualquiera, por más sano mentalmente, por más ecuánime que sea.
Así que... ¿quién queda, en esta fauna, para hacer el trabajo de gobierno que los ciudadanos confían a sus funcionarios y a quienes además les pagan con sus impuestos?
Saque la cuenta: Los honestos de nivel medio (poquísimos) y los políticos que merecidamente llegaron a donde están... y viven para contarlo.
La lógica de la alta burocracia es la misma que la de la guerra; tal vez por eso sólo logran ganar las batallas los grandes generales (se insiste: si el poder no les devora la cordura). Se trata de ganar más espacio, beneficios y lucimiento... poder en otras palabras, que los adversarios. Y los adversarios son, simplemente, aquellos que pertenecen a ejércitos distintos en opinión sobre cómo se debe gobernar.
Los victoriosos son muy pocos; una vez en el poder, los generales que ganan las batallas y/o la guerra, deben soportar y cuidar el saqueo que hacen sus soldados en las plazas ganadas.
¿Y el gobierno? ¿Lo que los ciudadanos esperan, aquello por lo cual pagan y ante lo que tienen esperanza de mejorar su vida? Bueno, pues algún resto de buenas decisiones y obras bajarán del Olimpo, para beneficiarlos... de vez en cuando.
¿No será que esto de la política, o la guerra con palabras, conceptos y/o mentiras, resulta menos eficiente que la honestísima guerra de antes?
El inepto moría de un espadazo en el corazón o la yugular... y ya. El más fuerte y hábil sobrevivía y se quedaba con el poder y el respeto de sus soldados. Todo entre hombres. Y con esto se decidía todo.
(Lo terrorífico de este lado es que las mujeres sólo vivíamos para proveer varones para nutrir la muerte y destrucción de las guerras; éramos máquinas de producir humanos desechables. Ahora ¿qué somos las mujeres, en este juego fatuo de la política-guerra?)
La imagen es de Salvador Dalí
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Gritar que somos libres
Ignoraba yo que don Miguel Hidalgo murió deshecho de culpa por la sangre derramada que su apasionada empresa provocó. Tarde percibió que la ira del pueblo hambriento es la peor bestia que produce la ambición de los hombres: ..."¡Ah, América, querida Patria mía! ¡Ah, americanos, mis compatriotas, europeos, mis progenitores y sobre todo los insurgentes, mis secuaces, compadeceros de mí! Ya veo la destrucción de este pueblo, que yo he ocasionado, la ruina de los caudales que se han perdido, la infinidad de viudas y huérfanos que he dejado, la sangre que con tanta profusión y temeridad se ha vertido y, lo que no puede decir sin desfallecer, la multitud de almas que por seguirme estarán en los abismos". (Manifiesto escrito en la prisión de Chihuahua, en mayo de 1811)
Yo no sabía que Vicente Guerrero era un moreno ancho, de pelos parados y chinos, nada finito como los criollos que se la partieron después de que murieron los titanes, Hidalgo y Morelos. Desconocía que aquella pasión primigenia que clamaba justicia y encarnaron los grandes hombres que por primera vez experimentaron un sentimiento "nacional" por México... se convirtió de manera absolutamente lógica y con el tiempo en un mar de ambiciones sucias y conveniencias baratas que luego se repartieron quienes quedaron en el poder.
Es lógico que no supiera yo que Guadalupe Victoria, junto con Nicolás Bravo, fueron los dos últimos generales valientes que tuvo Morelos y de quien bebieron un sorbo de pasión nacionalista.
Que Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón (já) o sea Antonio López de Santa Anna, encarnó el primer político mexicano que fue tradicional por siglos... es decir, promiscuo, vicioso, acomodaticio y sobre todo, el único mortal que hacía algo por trabajar en "política" gobernando un país en caos.
Hay muchas cosas interesantísimas que yo no sabía, hasta que la suerte enorme que Dios me dio (con sus asegunes, pero bueno...) me hizo vivir en estado lúcido el 200 cumpleaños de mi país.
En la escuela primaria me dieron un panorama tieso y formal de la historia de la Independencia; pero ver a los héroes descarnados pone a cada quién en su lugar. Hay muchísimo más que falta por saber, porque la Historia es insondable y las guerras de los hombres se desbordan de horror y caos espiritual... pero muy claro es que el más grande personaje de ese momento de nuestro origen, fue Miguel Hidalgo.
Un hombre cabal, lo que se dice un HOMBRE; con esa mezcla de masculinidad violenta, aderezada de una gran sabiduría libresca y de la vida, y ¡ah! el valor. ¡Valor!, señores, eso que ahora los politiquillos de escritorio desconocen; que los machos juzgan un adorno inútil en sus abusos, que los mexicanos alcohólicos y golpeadores de mujeres no tienen idea con qué se come...
Valor, hombría, un espíritu libertario sin límites. Su grito nos llega hasta ahora; todos gritamos ¡Viva México!, porque él, aunque nuestra república ni era eso ni aún se llamaba así, lo hizo primero que todos. Somos su coro, rindámosle honores.
Ni modo... también lo que no se puede tocar, EXISTE: El amor por México. Yo lo vivo; ¿y tu?
(La imagen es muy romántica y hasta un poco cursi, pero me vale gorro: ¡Me encanta!)
lunes, 13 de septiembre de 2010
Patria
A los que preguntan si hay algo qué celebrar en este bi-centenario les diría que se dejen de amarguras y de perfilarse a contraluz con el clásico carácter nacional: Amargados y sin autoestima.
Tras milenios de hermosas culturas en una de las regiones más ricas del Continente Americano, nos cayeron como plasta los gachupas (a quienes ahora quiero mucho, pero mejor si se quedan allá, en su casa) y después de 300 años, nos los sacudimos como ixcuintles para seguir siendo Mexicas. Muchos hombres y mujeres murieron por eso: Los primeros peleando y las segundas por carambola.
Somos mestizos. Dueños de una tierra enorme y riquísima por la que nadie daba un cinco en el siglo XIX pues ya estaba saqueada a morir y don Antonio López (de Santa Ana), entre borrachera y borrachera, nos guardó la mitad de la tierra porque si no, los gringos se llevan todo.
Luego, don Benito se partió la vida para darnos identidad, a corre y corre en carretela por todo el país llevaba el país a cuestas, mientras pensaba en qué somos, quiénes somo y a dónde vamos... y los franceses hacían la lucha para robarnos todo.
Cuando ya se habían acomodado las cosas, llega Porfirio acaparando poder y los ricachones (como siempre) de su lado. Y otra vez al pleito. La Revolución fue una rueda de la fortuna donde se encaramaron los gandallas y caudillos para sentarse en el poder y el dinero, pero bueno... después de ríos de sangre, otra vez hubo país, hubo MÉXICO.
Finalmente la transición de terciopelo en el 2000 nos hizo libres totalmente, porque como ciudadanos tenemos una riqueza de incalculable valor: El sufragio efectivo.
Otra libertad ganada es que podemos insultarnos libremente unos a otros, despotricar contra los gobernantes, maldecir y sacar todo el cobre en público, no faltaba más. Antes éramos como de cartón, muy seriecitos porque al que se movía o criticaba, caput.
Ante eso: ¿Cómo no sentirnos orgullosos? Hay un testigo interior, en cada mexicano que le impele a robar, humillar y someter a cualquiera que se le enfrente (santo machismo, Dios te bendiga). El mexicano tiene un carácter nacional mentiroso y dado a la transa.
Pero en su esencia es también orgulloso y dueño de lo suyo; en lo profundo un buenazo e ingenuo que llora en las cantinas. Tantos saqueadores nos han seguido los talones, nos han cacheteado hasta sangrar y todavía tenemos México, un territorio hermosísimo; lleno de riquezas naturales y culturales. Aquí somos libres, trabajamos, nacemos y morimos.
Y todos nos emocionamos cantando el Himno y saludando a la bandera, porque con todo y los zipizapes, nos enseñan respeto por la patria desde que somos bien chiquinitos; nunca se nos olvida.
Nos SENTIMOS mexicanos. SOMOS, con una identidad definida e inamovible. Hijos de Cuauhtémoc, nietos de la Malinche, choznos de los árabes y los españoles, pero aquí estamos.
Yo amo el pedazo de México en que nací. Y no me da vergüenza, como a la mayoría, ser MEXICANA. Me encanta ser mestiza, trigueña, de ojo grande y corajuda. Mi linaje es mexicano hasta el centro de la Tierra, y lo disfruto mucho.
Yo sí celebro, no faltaba más.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Bicentennial woman
Sucede que por ratos me canso del bicentenario; de la fiesta que nos recuerda la guerra.
Me canso porque tengo que estar allí, haciendo guardia en mi trabajo... no porque no me guste pensar en el tema. Duele, también. Saber que Hidalgo murió atormentado por la culpa y creyendo que su empresa había sido inútil.
No era guerrillero... era un hombre con corazón que odiaba la injusticia; pero su sensibilidad lo venció. No pudo aceptar que la injusticia sólo se lava con sangre, con violencia, porque los hombres así son de torpes, de abusivos.
Duele que llegar a estos años en que nos llamamos mexicanos con tanta seguridad en la voz, ha costado tanto, tanto esfuerzo, tanto llanto, tanto dolor.
Y bueno, también me canso de trabajar. Caí en cama por el esfuerzo. Ardí en fiebre, en dolor del cuerpo, tal vez por tanta emoción desprendida, por tanta adrenalina, por la pasión a que me obliga tratar de realizar los anhelos de la gente que llega y pide, ofrece, intercambia lo más noble que el ser humano produce: Arte.
Ah, también: puse la rosa blanca nada más porque está hermosa. Algo hay que hacer para negociar con esta piedra de Sísifo que es la vida...
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